Los bateyes de la República Dominicana

Discriminación, marginación y pobreza.

Batey 8, Tamayo

Batey 8, Tamayo (Inma Calvo).

Un batey es una comunidad rural cuya población trabaja en labores relacionadas con la explotación de la caña de azúcar: siembra, corte, carga, peso y transporte. En estos núcleos de población creados alrededor de los principales ingenios azucareros habitan los braceros y sus familias.

Los bateyes siempre han sido conocidos por la extrema pobreza en la que han vivido sus habitantes y por el abandono de los sucesivos gobernantes dominicanos que se han desentendido de estas comunidades. Ya en los años 40 el escritor dominicano Ramón Marrero Aristy, en su novela Over, denuncia la inhumana explotación a la que eran sometidos los campesinos haitianos.

En 1999, un estudio realizado por la Comisión para la Reforma de las Empresas Públicas estima la existencia de 230 bateyes pertenecientes al Consejo Estatal del Azúcar (CEA), que sumados a los de propiedad privada hacen un total de más de 300 bateyes.

La historia de los bateyes en la primera mitad del siglo XX

Los bateyes nacen en torno a 1916 para acoger a los haitianos que iban a la República Dominicana al corte y tiro de la caña de azúcar. Estos emigrantes llegaron al país para solucionar el problema de la falta de mano de obra en la industria de la caña. Sus salarios eran más bajos que los de los dominicanos, trabajando en unas condiciones de abuso y explotación.

En la década de los 30 la Gran Depresión castigó considerablemente a Haití y se incrementó la emigración hacia la República Dominicana de haitianos para trabajar en la caña. Sin embargo, los años 40 supusieron un paréntesis en el flujo migratorio debido al auge de la economía haitiana.

La segunda mitad del siglo XX y el auge de la industria azucarera

En los años 50 hubo una gran actividad y expansión de la industria azucarera por todo el territorio dominicano que hizo que se ubicasen bateyes en todas las regiones.

A la muerte del dictador Rafael Leónidas Trujillo los ingenios, que eran de su propiedad personal, pasaron a ser de titularidad estatal y en 1966 queda constituido el CEA.

La crisis del sector azucarero en los años 70 llevó a los trabajadores a salir del batey y buscar empleo en otras áreas agrícolas (café, plátano, maíz, tabaco o arroz).

El progresivo declive de la industria azucarera hizo que en 1994 se pusiese en marcha un proceso de capitalización y privatización de los ingenios azucareros que incluso llevó a que algunos fuesen cerrados. Con este proceso el desempleo se disparó y la población buscó otras salidas en diversas áreas agrícolas, la construcción, el comercio informal, las zonas francas, motoconchos.

El grave problema de los indocumentados

En los bateyes conviven actualmente haitianos y dominicanos de ascendencia haitiana y no haitiana.

Muchos haitianos, pese a llevar decenas de años en la República Dominicana, carecen de documentación y se encuentran desprotegidos ante la amenaza constante de la deportación, aparte de quedar estancados en trabajos de baja remuneración y sin posibilidades de ascenso social.

A los hijos de haitianos nacidos en territorio dominicano no se les expiden los certificados de nacimiento, carecen de existencia jurídica, y no pueden acceder al sistema educativo.

Abandono estatal de los bateyes

Las carencias y las deficiencias de los servicios básicos y de las infraestructuras en un gran número de los bateyes son otros problemas que lastran la vida de sus habitantes; la ausencia de tomas de agua potable (esencial para la higiene y la salubridad), de electricidad, de servicio de recogida de basura, de alcantarillado, de aceras asfaltadas, de servicios de salud y atención médica, de servicios educativos o las precarias vías de acceso.

El futuro de los bateyes

La lenta mejora de la difícil situación en la que se encuentran a día de hoy los bateyes es posible gracias a las acciones de las Organizaciones No Gubernamentales para el Desarrollo (ONGD), tanto locales como internacionales, y al encomiable esfuerzo y la capacidad de superación de la población.

Es necesario que las ONGD y el Gobierno establezcan alianzas para promover un cambio social que permita superar la pobreza y el aislamiento de los bateyes.

Asimismo, es inaplazable que el Estado dominicano solucione el problema de los indocumentados y se ponga fin a su «invisibilidad» para que puedan demandar y exigir sus derechos.

Artículo escrito el 8 de septiembre de 2011.

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